¿Pero, esto qué significa?
Ante las narrativas dominantes que glorifican el individualismo, fragmentan los vínculos y
normalizan el miedo,
queremos posicionar otra historia: una que nos recuerde, que estamos sostenidas por una
red de relaciones,
cuidados y saberes compartidos.
Esta narrativa no solo se cuenta, se practica. Nos invita a reconocernos como parte de un
“nosotros más amplio”
que se construye al tejer conexiones entre movimientos, saberes, territorios y nuevas audiencias.
Frente al autoritarismo, la verdadera emancipación surge de reconocer que somos nodos en
una red de vida.
Como escribió la teóloga feminista Ivone Gebara: “Nada se salva solo; todo se salva en comunidad”.
Construir interconexiones radicales —en las calles, en los cuerpos, en la tierra— es el
antídoto.